Bien flojita

Flojita, flojita.

Anoche dormí como hace mucho tiempo no dormía.
No sé si fue que lloré un montón, hasta cansarme, y después me tomé una copa de vino que me dio pila de sueño, o que me dormí con la lámpara de las piedras de sal prendida.

Mi amiga me la regaló hace un tiempo, y dicen que tener una lámpara de sal del Himalaya es como tener una ventana abierta, una fuente natural de aire fresco que llena de vitaminas y energías el aire.

No sé que fue, pero descansé como nunca.

Me desperté muy temprano en la mañana y el primer pensamiento que tuve fue de enojo. Me dije en voz alta a modo de chiste «hoy estamos enojadas y vamos a tirar indirectas en Twitter eh! vamo nosotro!» Tenía que estar enojada con la vida, porque el proceso así lo indica.
Y seguí durmiendo hasta que sonó la alarma que ya había puesto la noche anterior.

Pero cuando me desperté de vuelta, con la alarma, no estaba enojada. Estaba más bien triste, o pensativa. Casi casi lloro de vuelta, pero me hablé fuerte, y me levanté.

Me sentía culpable. Ese era el sentimiento.

¿Culpable de algo que no hice? Claro que lo hice.

Lo hice siendo yo. Lo hice porque me doy cuenta tarde de las cosas. Lo hice porque soy impulsiva, y me dejo llevar por las emociones, y no mido que a veces estoy pisando demasiado la línea, y no es gracioso, es ofensivo.

Me di cuenta que lo hice y mandé un audio a «modo perdón».

Mandé un audio, expliqué, dije todo lo que tenía en el corazón en ese momento y solté.

Tuve de vuelta una respuesta hermosa.

Y ya está. Entendí que todo va a estar bien en mi vida. Lo sé.

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