Cuando llueve

Intenté levantarme temprano pero llovía. Lo único que tenía que hacer eran unos mandados, por lo que se posponían hasta que se fuera la tormenta.

Me dejé dormir un rato más, pero como siempre, cada vez que mi cuerpo ya descansó lo suficiente, empiezo a soñar cosas raras.

Me levanté y me impuse a mi misma ordenar, ir tachando pendientes de la agenda hasta que pudiera salir a la calle.

Apronté el mate y lo dejé hinchando.

Me tomé un par de mates, miré por la ventana, veo al vecino que está fumando en el patio de abajo.

Lo único que hace esa gente en el patio es salir a fumar. La mujer a veces arregla las plantas, o juega con el perro, pero fumando. El hombre a veces prende la churrasquera, o se sientan en la mesa plástica verde pero siempre fumando. Al pibe, solamente lo veo fumando. Creo que alguna vez se percató de mi existencia cuando salgo al balcón a mirar el cielo.

Miro a mi derecha mientras me tomo otro mate, veo mis plantas, ¡están tan lindas!

La lluvia les ha hecho divino, y por suerte este verano en Uruguay ha llovido un montón. Iba a hacer una explicación de la literalidad de la lluvia, pero en este caso no hay que separarlas, porque ha llovido en todos los sentidos.

Veo que aclaró y ya no llueve, me calzo los championes y me voy a la calle.

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