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Del otro lado de la línea

Me conociste haciendo lo que amo y de a poco me hiciste creer que lo único que podía amar era a vos. Inclusive ni a mi podía, hasta hoy no me sale, no puedo.

Con tu historia, con tus cuentos, con tu vida, lo único que podía hacer era abrazarte, y darte todo lo que tenía para dar, inclusive más.

Siempre te sentí como un niño indefenso, al que sus padres maltrataron, hicieron pasar mal, no le dieron cariño, solo golpes. 

Mi familia te adoptó inmediatamente como uno más para darte el poco calor que tenemos cuando estamos unidos.

Solo quería que estés bien, sólo quería poder curarte la vida, que supieras que hay gente en este mundo que realmente quería verte feliz, y darle valor a cada momento. 

Me volví tuya, completamente, y creía que eras mío. 

Un año y pico después ya estoy del otro lado de la línea, sabiendo que las personas no tenemos dueño, y luchando por no repetir esos patrones que lo único que hacen es mal.

Luchando para no caer en ser la basura de persona en la que me convertí estando a tu lado.

Hay personas que sacan lo mejor de nosotros, y otras que sacan verdaderamente lo peor. Todavía me culpo, y me siento horrible cada vez que pienso que me creía tu dueña, que me creía con el derecho de elegir por vos. Beneficio que me hiciste creer que tenía, porque en definitiva lo único que buscaba era alejarte de las cosas que te hicieran mal. El mismo mal que te hicieron toda la vida y que para vos era un cuento divertido, una anécdota en cada comida con amigos.

Me hiciste mal, pero el peor mal me lo hice yo, y por eso duele tanto, porque cada paso, cada mes, cada año, cada borrachera tuya llegando a acostarte conmigo, cada noche durmiendo enojados, espalda con espalda, todo eso, lo permití yo, me lo permití yo, y así fue que me envenené. De a poco, como cuaquier droga. 

No son culpas, porque el definitva todos hicieron lo que podían con lo que tenían. Tus viejos, mis viejos, nuestro entorno, vos, yo. 

No sos malo, yo tampoco. Pero juntos fuimos peor que una bomba nuclear. No sé a vos, pero a mi me dejó un montón de secuelas.

¿Sabés?

El otro día encontré, en el diario que me había comprado para escribir cuando me sentía ahogada en casa, una página del primer día que empecé la terapia, y decía «Hoy por primera vez en mucho tiempo, siento ganas de volver a ser feliz.».

A la semana de escribir eso, descubrí todas tus mentiras camufladas de culpas, culpas mías, obvio. Culpas que le hacías creer a las tantas víctimas que encontrabas en tu red social de preferencia, de la misma forma que me captaste o pescaste a mi.

Cómo iba a creer que ibas a ser distinto, si te conocí así. De la misma forma que nos encontramos, nos desencontramos. De la misma forma que quise curarte el alma, abandoné la mía. Me abandoné a mi misma, toda, completa.

Hoy escribo esto para sanar, para intentar ir cerrando las grietas que seguramente le estés abriendo a otras, que como yo, lo único que quieren es verte feliz.

Entiendo que a todos nos rompieron un poco, que nos desconfiguraron la vida desde siempre, pero hoy yo quiero configurarme y estar bien.

Perdonar es libertad.

Gracias por todo el aprendizaje, y espero, de todo corazón, que algún día te toque a vos llenarte de sabiduría y crecer. 

 

 

 

 

 

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