El primer borrador

Me serví una copa de vino, me puse una túnica cómoda y me senté en el balcón, a crear un usuario en alguna página que todavía no conocía para poder escribir de forma anónima.

Celular apoyado en la ventana a mi izquierda, en el piso la copa de vino al lado de una maceta con una planta que -por lo que parece- sobrevivió a mis manos. Es un pedacito que me traje de la residencia estudiantil donde viví antes de empezar esta odisea de mudanzas.

A mi derecha el vecino, o vecina, fuma en su balcón y me llena de humo. Todavía no les he visto la cara nunca, no tengo idea quiénes son. De vez en cuando les carraspeo o finjo la tos a ver si se dan cuenta cuánto me molestan.

Son las once y veintinueve de un viernes a la noche, un viernes 28 de diciembre, donde, por costumbre debería andar por ahí, con amigos, celebrando, o emborrachándome, pero estoy acá.

Hoy decidí volver a escribir.

Tengo los ojos hinchados de tanto llorar. Me miré a espejo y pensé en lo diferente que se ven los ojos cuando una llora de verdad, con ganas. Quedamos todos deformes, con los párpados al doble de su tamaño.

Pero bueno, me planché el pelo, me hice un moñito, y acá estoy.

Miro el celular en cada línea que termino de escribir, con la esperanza-quizás- de que alguien me escriba, o se acuerde de mí.
“Alguien” dice, alguien con nombre y apellido.

Alguien al que le voy a dedicar estas primeras páginas, y posiblemente varias más, porque tengo pensado transcribir algunas hojas de un cuadernito que estaba escribiendo, y ahí, seguro hay varios días registrados en los que hablo de él.

Después veremos de qué hablamos, pero hoy, necesito hacer un punteo – o lista de memoria- para no olvidarme de todo lo que quiero decir, y que cuando lo tengo en frente se me olvidan.

¿Relaciones en el Siglo XXI?

Relaciones que no son relaciones.
Algunas de las definiciones que nos devuelve mi gran amigo Google son las siguientes:

– Correspondencia o conexión que hay entre dos o más cosas.

– Trato o unión que hay entre dos o más personas o entidades.

– (relaciones) Trato amoroso o sexual que hay entre dos personas.

– (relaciones) Personas con las que alguien mantiene un trato de amistad, laboral, social, etc.; especialmente, las que sirven para obtener algún favor personal.

Me quedo con la que habla del trato que hay entre dos personas.

De cierto modo tiene razón, porque estamos hablando de relaciones amorosas, y siempre, siempre, la cuestión es de ida y vuelta, si después se suman más actores en la historia, se verá qué papel se les da, pero la cosa principal y central es entre dos.

Relaciones que son pero no son.

“No existe un nosotros”

“Vos te sentiste especial sola”

(lo que vos sentís) “Es demasiado para mi”

Esas van dentro de la categoría de las feas, porque cosas lindas tengo miles.

Voy a empezar siendo clara, quizás.

Ayer empecé una serie en Netflix, y la terminé hace un ratito, pero desde que empecé el primer capítulo, no dejé de llorar. Me vi muy caracterizada con la protagonista, en todas las cosas que hacemos hoy en día para pertencer, ser parte de ciertos grupos, figurar en redes sociales y mostrar la vida “fantástica” que queremos mostrar.

La serie es sobre el acoso y la libertad de datos que nos ofrece la red a cualquier usuario, pero el trasfondo estuvo fuerte: Datos, perfiles, relaciones online y no tan online.

Y ahí me voy a Tinder, donde, hace algunos meses me volví a encontrar con este chico.

Estuve mucho tiempo de novia, y este año, a mediados de Junio, tomé coraje y me separé, me quedé viviendo sola, y estuvo bien. Abrí Tinder, y el 21 de Junio hago Match con él.

Desde ese entonces nos hemos visto un montón, me ha tocado tener que conocer cosas muy fuertes, de aceptar otras que no me gustan para nada, y de adaptarme a este nuevo modelo de las relaciones en las cuáles nunca había estado, y pensé que podría estar bien. Total, recién estaba volviendo a la soltería, ¿qué podría salir mal?

Varias veces me dije que ya no daba para más, y no lo cumplí. Las primeras dos fueron reales, después, ya me mentía en la cara (a mí misma).

Lo conozco hace varios años, estudiamos en el mismo lugar, y empezamos a chatear por Facebook. Luego nos pasamos el número de cel, nos vimos un par de veces, y ambos tomamos rumbos distintos con nuestras parejas.

Este año los dos nos separamos casi en la misma fecha.

Tengo el chat de facebook aún en la bandeja de entrada, de cuando empezamos a hablar, y en este último tiempo lo he leído un par de veces para confirmar – creo – todo lo que me pasa por dentro.

Mi psicólogo me dice que las parejas, siempre tienden a ser de a dos, que por ahora no hay estudios que confirmen las nuevas modalidades de amor o “poliamor” como lo llaman, y por ahí viene el tema.

Recuerdo clarito una de las primeras veces que nos vimos que le propuse ser “amigos con beneficios” (¡Qué boluda!) y lo primero que salió de su boca fue “el que se engancha pierde” y a mi me cayó como un balde de agua fría, porque me conozco, soy pasional, y no me pongo límites. Pero ese fue el límite más grande, y a su vez la puerta más clara a romperme la cabeza contra la pared.

No sé si es un mal de toda la sociedad, o las mujeres tenemos exclusividad, pero cuando te dicen “no lo hagas”, tenemos que hacerlo para comprobarlo, y de última, si era realmente como nos habían dicho, lo sabemos y confirmamos por nuestros propios medios.

No puedo negar que este año he aprendido un montón. En base a lo que era (yo), y a lo que me venía pasando, he tomado ciertos caminos que por momentos me dejan orgullosa.

Pero hay algo que me he dado cuenta, que más allá que yo haya creído por un montón de tiempo que ESTO era ser yo, hay cosas que no son tan así y no están siendo fiel a lo que realmente soy. De tanto que hablamos, y lo escucho, y realmente aprendo con todo lo que me dice, hay mucho que lo he adoptado para mi como formas de vivir, que quizás ahora ya no me están quedando cómodas.

Todos tenemos vivencias muy diferentes, cosas por las que hemos pasado que nos marcan y nos llevan a ser lo que somos hoy y lo que seremos en el futuro, todos los días nos estamos formando un poquito más. “Siempre para mejor” cómo decimos entre nosotros.

Mis vivencias nunca me enseñaron a soltar, a ser despojada, a no preocuparme cuando hay problemas con alguna persona, siempre pensé mucho todo para no hacerle mal a nadie, aunque muchísimas veces me salió horrible, y metí la pata hasta el fondo.

Al principio, el poder mostrarme tal cual era, y que no me juzgara, lo sentí bien, creí que eso era ser yo, pero no me estaba dando cuenta que de a poco, me estaba amoldando a sus normas, a que si quería jugar, las reglas eran esas, y no valían otras.

Las relaciones son de a dos, y por lo tanto siempre van a haber mediaciones, opiniones de un lado y de otro, pensamientos, y sobre todo es un proceso de ceder, un poquito de acá y un poquito de allá para lograr un equilibrio.

Pero como nosotros no tenemos una relación, y el “nosotros” no existe, esto se volvió un poco arbitrario, donde yo busco adaptarme a lo que hay para poder estar con él de la forma que él quiere. Y no está mal, supongo.

Según una amiga que estudia psicología, estar en esta situación es peor que una relación formal, porque acá yo solo acato lo que se presenta, y no puedo manifestar mi inconformidad. Aunque tampoco es tan así. Ha pasado que demuestro mi inconformidad o pongo ciertas reglas para ver que tanto podía incidir en todo esto,y ha estado bien. (Muy bien, quizás)

Soy una persona con un carácter un poco complicado, y parte de ese SER YO que hablaba más arriba, va incluido que no me sale callarme las cosas que quiero decir, y por eso estoy acá, escribiendo para soltarlas.

SOLTAR, esa palabrita tan de moda hoy en día, y que a todos les gusta tanto utilizar.

Soltar y saber jugar. Pero no me sale.

Y debo decir que perdí.

Perdí porque me gusta, y me gusta mucho. Perdí porque se me nota, perdí porque se lo dije, perdí porque más de una vez me quise abrir de este juego para no lastimarme y sigo volviendo.

Las veces que salió de su parte ponerme un freno, yo me atajé con mi mejor armadura, dejando en claro que yo no quería más que lo que estábamos teniendo, que no esperaba nada de formalidades, ni de hijos, ni de relaciones de familia. (Obvio!, eso es real que no lo quiero), pero ahora me doy cuenta que fueron escudos para poder seguir viéndolo, y no tener que aceptar que realmente ya había perdido.

Hace unos días, sentí que me explotaba el corazón y le mandé un mensaje por Direct de Instagram:

“Te voy a decir algo antes de dormirme, y no espero que hagas nada, ni que reacciones, ni que me respondas, va con el simple fin de largarlo. Seguro ya se note, somos muy parecidos, y te lo he dicho un monton de veces de distintas formas. Estoy hasta las manos con vos, me encantás.

Es pila, si. Ya sé. Es pila para vos y pila para tenerlo guardado yo. Me despierto y la mayoría de las veces es pensando en vos, ves? Hasta las bolas. Y realmente no quiero algo más serio que esto, pero si algo sano.

Y el estar buscándote siempre, viendo de que me hagas un lugarcito en tu agenda, rogarte un beso, borrar tu número para prohibirme escribirte, no saber en qué anda esa cabeza, si juego sola o que, no me está haciendo muy feliz. Yo quiero sentirme querida bien, ahora y para adelante. Capaz me piró y creí cosas que no eran. Igual nos vamos a casar en Italia, vos tranqui. A pesar de todo, te quiero mucho chini.🧡 hasta pronto.”

Vino a casa y hablamos.
De frente soy muy cagona, y realmente las cosas no me salen. Le dije la mitad de todo.

Me fui a casa a pasar la navidad, y cuando volví, la primer persona que me escribió para vernos, fue él.

Pensé que después de toda esa charla, no nos íbamos a ver más por un buen tiempo.

Esos micro momentos, esos gestos, esos instantes en los que se la juega y no soy yo la que solicito turno, me vuelven loca, porque he logrado que se abra, he logrado que quiera verme, que quizás, sienta algo lindo por mi, aunque sea chiquitito. Pero así como pasa conmigo pasa con otras, y ahí es el comienzo de mis mambos.

Si pongo en la balanza todo lo lindo que pasamos juntos, todos lo momentos que charlamos, las vueltas que hacemos, los tambores, a los lugares donde vamos, seguro pesa mucho más que tener que soportar que se vea con otras.

Pero mi problema está ahí, que soy demasiado emocional, las cosas me afectan, y cuando me afectan no me sale esconderlas, sino todo lo contrario: siempre busco algo para modificar esa situación.

¿por qué tiene que ser tan difícil poder entender una relación hoy en día?

¿Por qué me ocupa tanto tiempo de pensamientos aceptar que las cosas son así?

Pienso, pienso, pienso, tengo miles de charlas con respuestas que seguramente sean, pero quedan ahí. Aquel día, después que se fue, me levanté de la cama, con toda la fuerza para agarrar el cuaderno y hacer un listado de cosas que tenía para decirle, y no olvidarme. O directamente escribirle una carta y leersela en la cara. Pero eso tampoco me convenció.

Quiero sentirme yo, un poco más, y quiero sentirme amada. Yo sé que puedo ser merecedora de alguien que me quiera bien, y me parece que quererme bien, no incluye terceros.

Voy a terminarme la copa de vino y me voy a dormir.

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