Ella

Supo dejarse romper pero se levantó, a medias, caminó rota y sonríe aunque con ganas de llorar.
Tiene mucho miedo, está re cagada de miedo, pero va para adelante y no se rinde porque le gusta dejar todo en la cancha y se la juega una y otra vez.
¿Valiente?
Dice que los valientes no son los que no tienen miedo de nada, sino los que tienen muchos pero los enfrentan.
Ella es un poco así.
Sabe que el mundo está lleno de giles y que la mayoría sólo buscan un envase perfecto para ostentar con los demás, y sabe que ella no es de los mejores envases, todos los días se encuentra un nuevo desperfecto, tiene un montón de fallas, como esa latita de refresco que ya tomaste y aplastaste un poco, y después querés volver a armar, pero no.
Cree o quiere creer que en algún lugar está el distinto, ese que puede llegar a enamorarse de sus abrazos sinceros, de sus ganas de escuchar desde cómo estuvo tu día hasta los cuentos más maravillosos de viajes y dragones.
Supo creer en un «para siempre» y no funcionó.
Se cansa de empezar una y otra vez, pero sabe que es así el camino.
Es una piba simple, que no necesita nada, pero busca protección. No necesita nada, solo quiere compartirlo todo.
A veces siente que la soledad le come el alma y tiene unas ganas enormes de enamorarse hasta las manijas, pero no sabe cómo, porque siente que el viaje, aunque sea mucho más lindo de a dos, puede tener muchísimos bosques oscuros.
Sabe que merece lo mejor, pero en el fondo algo le sigue haciendo ruido, porque ese miedo que siente a ser insuficiente es lo que le bloquea la jugada.
Es simple, llora a solas pero no tiene problema de llorar por la calle.
Se pone ansiosa por ese mensaje que no llega y se come todo lo que encuentra en su camino.
Ríe muchísimo, a carcajadas cuando está con sus amigas y trata de siempre juntar gente para ser feliz y olvidarse de todo por un rato.
Canta, siempre canta, en la ducha, en la calle, mientras trabaja.

Es simple, siempre escucha la música que su estado de ánimo le pide. Le gusta viajar con buenos temas.
Se mira en el espejo del ascensor y se sonríe, comiéndose con una mirada a los ojos.
Puede pasar todo un día sin comer, pero te puede acompañar a buscar comida al lugar que más te guste así sea a dos mil kilómetros.

Se levanta cada mañana a tratar de olvidarse con alguna sonrisa de los miedos con los que luchó la noche anterior.
Sonríe aún estando llena de bardos y siempre está para quien la necesite, aunque no sepa ni como estar para ella misma.
Alguien alguna vez le debe de haber dicho lo poco que valía para que crea que no lo vale todo.

Ella se merece todo lo bueno de este universo, pero todavía no se dio cuenta.

 

Andá, dale un abrazo, rompele las dudas, espantale los fantasmas y hacela sentir segura.

Marcale el alma y vas a ver que no se va nunca más.

 

 

Me inspiré un poquito en todas las cosas hermosas que leí en el Instagram de @elpelaromerook

 

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