La casa de la abuela

A veces me pasan cosas raras.
Hoy, por ejemplo, mi mente vivía o sentía cosas que mi cuerpo realmente no estaba haciendo.

Me desperté con las cosquillas de mi hermano quien realmente no estaba acá.

Luego con el afán de levantarme me estiré, me esforcé en despegarme de la cama y me di cuenta que en realidad seguía abrazada a la almohada y no había movido ni dos centímentros de mi cuerpo.
Varias veces la misma historia hasta que me di cuenta lo que estaba pasando.

Tuve charlas, me reí, observé rostros y sentí caricias. Creo ,inclusive, que hasta sentí tu perfume en un abrazo interminable de sol y tardes de otoño. 

Dormí solamente una hora de siesta en la cama que se ha vuelto mía en las veces que vengo de visita a la casa de la abuela.

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