Ni acá, ni en China.

Hace días me vengo preguntando a mí misma si lo que estoy haciendo en este momento se acerca a lo que realmente quiero para mi. Llegué a anotar en la agenda «Semana de pensar y procesar si lo que estoy haciendo es lo que quiero». Así, literal. Y se me viene a la mente la gran interrogante de no saber, no sé. ¿Qué quiero?

Siento la corazonada de que hay algo haciendo ruido. Paro, pienso, lo anoto, me pongo la meta de pensar sobre lo que pasa y de repente pasa. 

Pasa que me ponen frenos. Frenos que me hacen replantearme mi forma de ser, de sentir, de dar. 

Jimena ya me había dicho que le haga caso a la intuición, y frente a mi pregunta de ¿cómo sé si es intuición o es la creencia / capricho de lo que yo quiero que sea? me dijo que la intuición se siente distinto, porque se siente en el pecho, y anoche el pecho me ardió, me ardió fuerte y lloré un montón.

Replantearme constantemente todo lo que hago, lo que creo, de creer y de crear porque llego a dudar de si las cosas pasan porque yo las hago así, y en ese caso estoy haciendo todo mal, ¿o no?

Me han hecho dudar un montón de lo que soy, siempre, y me cuesta horrores creerme suficiente para otras personas, a las que siempre termino poniendo por delante de mi, pero ahora rompí récords. De tanto dar lo que no tengo, logré que alguien pida vacaciones de mí. Sí, así como lees.

«No es para retroceder, es parar un poco» me dijo y quedé en blanco.

Lo cansé, fue mucho, y me lo dijo. Al menos fue sincero.

Qué difícil se me está haciendo esto de las relaciones humanas.

Cuánto más me conozco, más difícil se me hace entenderme. Cada paso que doy hacia adentro es un nuevo nivel de dudas que desbloqueo. 

¿QUÉ QUIERO?

Me han dicho que lo que yo quiero no me lo pueden dar, pero… ¿Qué es lo que quiero?. Ni yo lo sé pero parece que el mundo lo tiene clarito.

Para mi, siempre lo que me hizo bien era lo que había que seguir haciendo, era por ahí, por ese lado. Buscar vibrar alto y con las mejores energías. 

Leí en alguna parte algo como «después de 32.450 intentos de embocarle a la medida del arroz, sigo haciendo como para alimentar 20 familias, porque conmigo es todo a lo grande», y si, no le puedo mentir a nadie que me conozca, soy intensa, y muchas veces en los brazos que me lastiman es donde encuentro mi calma. Una calma, ahora con frenos.

Me siento un caballo. Y cómo duele tener estos fierros en la boca, trancándome la mandíbula. Duelen, apretan, lastiman y por momentos no me dejan respirar.

¿Será que justo es esto lo que quiero?

Hay caminos en los que si y otros en los que no, pero cuando realmente no se cuál es el que si, ¿cómo hago?, ¿cómo elijo en cuál caminar?, ¿pongo el pie en el que menos queme y pruebo?

Todavía no termino de entenderme, estoy casi saliendo del punto de partida y con un montón de partes rotas en la mochila, algunas canciones de Pablo Alborán para cantar bien alto, y algunos paquetes de yerba para tener unos buenos mates que me acompañen en el camino. No sé, no puedo decir qué es lo que quiero, porque a veces parece que me gusta este melodrama constante, me sirve para practicar ochocientas veces las cosas que tengo para decir, y después me las olvido.

Lo único que sé, es que me gusta la constancia, en la vida, en todo. Para mi eso de hoy estoy, mañana no sé, hoy te quiero, mañana te ignoro y pasado mañana veo que hago, no rinde. 

Ni acá, ni en China.

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